Cuento de Navidad

El cuento de Navidad de Charles Dickens siempre fue uno de mis favoritos en la infancia, a lo largo de mi vida lo he recordado con ternura.

Las Navidades pasadas, las presentes y las futuras con sus respectivos fantasmas y las repeticiones inconscientes de nuestros traumas mas escondidos, que como fantasmas del pasado vuelven una y otra vez. Hoy quiero acompañarte con este cuento.

A veces una persona puede atravesar un tránsito vital complejo —duelo, ruptura, enfermedad, agotamiento emocional— la Navidad puede convertirse en un espejo incómodo. Las expectativas externas contrastan con el estado interno, y aparece la sensación de no encajar.

El Cuento de Navidad puede leerse como un mapa terapéutico del cambio, más que como una historia festiva.

Las defensas que nos sirvieron

Scrooge representa a alguien que ha desarrollado defensas rígidas para seguir adelante. Su frialdad no es maldad, sino una estrategia de supervivencia. Desde una mirada terapéutica, su aislamiento habla de pérdidas no elaboradas, de vínculos rotos y de una profunda desconexión emocional.

El relato nos recuerda que muchas veces el endurecimiento es la consecuencia de haber sentido demasiado dolor y no haber podido con él por no tener las herramientas necesarias para afrontar el trauma.

El fantasma de las navidades pasadas

El fantasma de las Navidades pasadas no juzga, invita a recordar, a poner el dedo en la llaga con compasión, a mirar nuestra humanidad desde una visión amorosa por nosotros mismos y las circunstancias que nos llevaron al dolor y la desconexión.

Este fantasma del pasado nos lleva a dar espacio a la historia personal, a reconocer lo que fue significativo, lo que dolió y lo que se perdió. Revisar el pasado no para quedarse en él, sino liberar la energía atrapada en recuerdos no integrados.

El fantasma de las navidades presentes

Las Navidades presentes con su fantasma, muestra la realidad tal como es ahora, con sus carencias y también con sus recursos. El fantasma nos muestra este momento para ayudarnos a desarrollar una atención compasiva hacia el aquí y ahora, reconocer el cansancio, la tristeza o la soledad, sin exigir que desaparezcan. Al mismo tiempo, permite reconocer apoyos, capacidades y pequeños gestos de cuidado que siguen presentes incluso en la dificultad.

El fantasma de las navidades futuras

El futuro, aparece como una consecuencia, no como un castigo, esta visión ayuda a comprender que no cambiar también es una forma de decidir. El miedo al futuro señala la necesidad de introducir nuevos movimientos internos.

Cambiar no significa transformarse de golpe, sino ensayar conductas distintas: pedir ayuda, poner límites, crear rituales propios para la Navidad, más acordes con el momento vital.

El Cuento de Navidad nos recuerda que la esperanza no surge de la negación del dolor, sino de la capacidad de relacionarnos con él de otra manera. Quizá esta Navidad no sea luminosa, pero puede ser honesta. Y desde la honestidad, comienza la sanación.

¡Feliz Navidad!

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